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Interes Policial
Interpol considera a España como un paraíso de mafias internacionales
España ya es el paraíso de las mafias de delincuentes. Así se desprende de sendos informes elaborados por la Policía y la Fiscalía General del Estado
La situación comienza a ser preocupante y la oficina del fiscal general en España advierte de la llegada de muchos grupos más en los próximos años, con la explotación de inmigrantes como fuente de negocio principal.
La última memoria de Europol sobre el crimen organizado revela que la "mayoría de las 4.000 mafias detectadas en Europa mantienen vínculos en España". El motivo principal es que nuestro país es el portón de entrada de la droga en el continente. Pero hay más. La eliminación de fronteras, buenas condiciones meteorológicas, calidad de vida por encima de la media europea, tranquilidad, posibilidades de inversión, poder pasar desapercibidos entre la gran cantidad de turistas extranjeros y cierta permisividad con los inmigrantes han provocado un efecto llamada al que ha sabido responder también la delincuencia organizada.
Inicialmente se pensaba casi exclusivamente en el tráfico de drogas, al ser España la puerta de entrada a Europa de hachís y cocaína, pero lo cierto es que, actualmente, la cantidad que mueven los estupefacientes es muy inferior a la que genera el tráfico de personas, por lo que, según la Europol, "las actividades están cambiando".
Fuentes de la Fiscalía General explican que los fiscales antimafia "coordinarán a la Policía para dar una respuesta eficaz al incremento del bandas que se espera en un futuro próximo". Entretanto, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se enfrentan a un panorama de 542 bandas organizadas para el crimen, según un informe de la Policía Judicial. Para hacer frente a esta amenaza, el Gobierno ha aprobado medidas urgentes, como la creación de las Fiscalías Especiales Antimafia y la puesta en marcha de unidades especiales de agentes de elite. Un buen ejemplo de su funcionamiento se pudo apreciar en el desarrollo de la operación Ballena Blanca, en Marbella.
De las 542 mafias detectadas en España, más de una cuarta parte están establecidas en Madrid, donde también tienen su base de operaciones un 70 por ciento de estas redes. Según la Jefatura de Policía, son unos 160 grupos que se dedican a todo tipo de delitos: extorsión, tráfico de seres humanos, blanqueo de capitales, robos...
La estadística revela, además, que Madrid también es la capital de las desarticulaciones. De hecho, en 2003, se detuvo a 537 presuntos integrantes de al menos 74 bandas, cifras que apenas se redujeron en 2004.
Grupos operativos en Galicia
Las fuerzas policiales investigaron durante el año pasado en Galicia a 63 grupos organizados, lo que representa un 13 por ciento del total nacional. Los resultados indican que el crimen organizado en la comunidad gallega no es fenómeno alarmante, aunque preocupa el hecho de que las estimaciones de las autoridades apunten a un crecimiento a corto plazo. De las 63 bandas, 31 estaban instaladas en Pontevedra, 17 en A Coruña, 10 en Lugo y 5 en Ourense. Suelen ser grupos mixtos formados por individuos de varias nacionalidades, entre los que destacan colombianos, marroquíes y turcos.
Las actividades más frecuentes en Galicia son, en orden de preferencia, el tráfico de drogas, blaqueo de capitales, atracos, tráfico de seres humanos, prostitución, comercio de armas y tráfico de coches robados.
Paralelamente, se detectaron grupos organizados que visitaron Galicia para delinquir, sobre todo albanokosovares, especialistas en practicar butrones en los polígonos industriales, y rumanos, expertos en clonar tarjetas de crédito.
Madrid se convierte en un «paraíso» para las mafias, con 50.000 coches robados al año
Seis meses en la cárcel, en el mejor de los casos, y a la calle. El tráfico ilícito de vehículos es un gran negocio en España, ya que genera unos beneficios multimillonarios para los delincuentes, que se enfrentan, si son detenidos, a una pena mínima, en absoluto equiparable a los réditos que obtienen. Y Madrid es una de las principales fuentes de las que se abastecen.
En Madrid se roban 50.000 de los 135.000 vehículos que, de media, se sustraen al año en España. De éstos últimos, entre 30.000 y 40.000 desaparecen para siempre, y los restantes -algunos ya «maquillados» y listos para su venta- son recuperados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Los grupos organizados, generalmente de los países del Este y, en concreto, de Bulgaria, están detrás de esta actividad, que ocasiona unas pérdidas de 7,5 billones de euros en la Unión Europea, una cifra exorbitante que cae en las manos de estas redes delictivas y a la que las compañías de seguros deben hacer frente con indemnizaciones, en su conjunto, elevadísimas a los propietarios de los vehículos.
Además de Madrid, el Levante, la Costa del Sol y Cataluña son las zonas preferidas por estos grupos para conseguir la mercancía, aunque sus tentáculos se extienden a toda España. Turismos, monovolúmenes y todoterrenos de última generación, de lujo, con menos de dos años de antigüedad y de marcas alemanas, son las «presas» predilectas, aunque, como en muchos negocios ilícitos, trabajan a demanda. «Tú dejas un coche con las llaves puestas y 600 euros en el salpicadero y, si el vehículo no tiene salida, la organización dejará el turismo y se llevará los 600 euros». El ejemplo lo emplea un agente de la Brigada Central de la Udyco (Unidad de Droga y Crimen Organizado del Cuerpo Nacional de Policía) especializado en la investigación de estas organizaciones.
Aunque su radio de acción es todo el territorio nacional, este policía y sus compañeros de Unidad no tienen casi tiempo para salir de la región de Madrid, porque el trabajo se les acumula: todos los días, se denuncia en la región la desaparición de 150 vehículos, aunque se alcanzan puntas que rondan los dos centenares (el lunes, sin ir más lejos, se sustrajeron 178 automóviles). Varios son robados por chorizos que dejan los automóviles cuando termina el fin de semana, otros caen en manos de delincuentes para cometer robos y muchos van a parar a las organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de vehículos, aquellas que investiga la Udyco.
Del «car jacking» al ordenador
Estas redes -cuyos cabecillas son búlgaros, aunque cuentan entre sus filas con armenios, ucranianos y moldavos, entre otras nacionalidades del Este de Europa- emplean diversos métodos, incluida la grúa, para hacerse con la mercancía, desde fórmulas muy violentas hasta ingeniosos mecanismos para distraer la atención del conductor y otros más sofisticados, además de aprovechar los descuidos.
En los últimos años proliferan los individuos que se acercan al propietario del coche y le ponen una pistola en la cabeza (conocido en el argot policial como «car jacking») o el grupo que entra en un domicilio para robar las llaves del vehículo («house jacking»). En el otro extremo están las organizaciones, como la última que desmanteló la Policía en la operación «Toli» hace unas semanas, que atan a los bajos de los coches botes de refrescos vacíos y consiguen así que los conductores, al descender para ver qué ocurre, dejen las puertas abiertas y las llaves puestas, momento que los ladrones aprovechan para llevarse el objeto de sus deseos.
Estos grupos también se valen, todavía, de los métodos tradicionales para acceder a los vehículos, aunque sean de lujo. Desde un objeto punzante confeccionado a modo de precisa ganzúa hasta la extracción del bombín de la cerradura para duplicar la llave.
Hasta ahora no ha llegado a Europa la tecnología punta que permita a los ladrones abrir los coches de una manera más sencilla. Sin embargo, desde hace cuatro años, los grupos organizados utilizan en España un sofisticado método, con dos variantes, para cambiar los códigos de seguridad y arrancar así los vehículos de última generación, dotados de complejos sistemas electrónicos de inmovilización para un ladrón «no especializado». Uno de los grupos que utilizaba estos mecanismos era la peligrosa organización que la Udyco desarticuló en la operación «Toli», en la que se detuvo a 18 búlgaros después de dos meses de trabajo.
La principal diferencia entre ambas modalidades estriba en el lugar que eligen para la operación: bien por el cuadro de mandos -que lo desmontan con una sencilla maniobra-, bien por la toma del sistema de chequeo del vehículo, si la hubiere y, por lo general, situada debajo del volante. Después, coser y cantar: conectan los terminales del vehículo a un ordenador portátil que contiene el «software» necesario para inutilizar el sistema de seguridad y teclean un sencillo código. El coche ya está listo para llevárselo sin esfuerzo hasta un taller de la organización donde será «maquillado» para su envío al extranjero a través de intermediarios que vienen a España para recoger el vehículo. Éste se venderá a un precio acorde con el nivel de vida de Mauritania o Bulgaria, por ejemplo. ¿Quién pagaría en esos países 12.000 euros por un automóvil que cuesta 90.000? Por supuesto, gente con dinero.
Un elemento indispensable
Conseguir el «software» apropiado para cada coche es el elemento imprescindible para estas organizaciones. Ingenieros informáticos húngaros y búlgaros que tienen acceso a esa información en sus empresas se lo venden a cambio de un jugosa cantidad de dinero: hasta 60.000 euros llegan a pagar a estos empleados infieles por el programa original. No obstante, en ocasiones, los proveedores de Hungría hacen su particular «top-manta» y venden copias a un precio más económico: 6.000 euros. En el precio también se incluye un curso acelerado para que los delincuentes sepan manejar el programa, que explicaría sus afamadas dotes: «Se dice que son especialistas en informática, pero no es verdad. Cualquiera, con un curso avanzando, aprende a instalar el «software»», dice un agente.
¿Y qué ocurre si el coche aparece en Ucrania, donde lo ha «encontrado» un recuperador «pirata» de vehículos? Este individuo se pone en contacto con la compañía aseguradora, que ya ha pagado la indemnización al legítimo propietario del automóvil, y exige, a cambio del turismo, hasta 6.000 euros. A esta cantidad hay que añadirle gastos de traslados para transportar el vehículo desde la frontera francesa hasta España. Total, no compensa. Y, a veces, hay sorpresas: el recuperador «pirata» tenía el coche en Alcalá de Henares.
Belt