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Reportajes
Las Policias Locales de la Comunidad de Madrid reciben apoyo aereo
Francisco Rodas ultima con José Antonio y Antonio las últimas directrices para salir a patrullar. No tendrán problemas de atascos ni de humo ni de ruido. A cien metros del suelo vigilarán que todo esté en orden en la Comunidad. Son el piloto y los dos Policías Locales que harán de ojeadores en uno de los helicópteros que la Bescam tiene en el aeródromo de Cuatro Vientos para velar por la seguridad en la región. Las vistas son privilegiadas.
Los ojos de Paco no tienen nada que envidiar a las cigüeñas que enseñorean las cimas complutenses. Sólo ellas han visto la ciudad igual que él la ve casi a diario. La Universidad, la Magistral, Torre Garena... Todo está a sus pies durante unos minutos al día. “Desde aquí arriba se disfruta todo mucho más. Es más bonito todavía”, apunta Paco que alude a la extraña forma de turismo que hace cada semana mientras sobrevuela el cielo complutense.
El viaje comienza un par de horas antes en el exterior de unos de los hangares del aeródromo de Cuatro Vientos. Las nubes que durante la mañana encapotaban el cielo han dado una tregua y la predicción del tiempo aseguró que no iba a llover. “Podemos volar sin problemas aunque quizá haga un poco de viento”, anuncia Paco mientras nos muestra cómo tenemos que ponernos los cascos para comunicarnos con él durante el viaje a bordo del EC-135, uno de los tres helicópteros que tiene esta unidad aérea. Hoy toca patrullar la zona Este de la región y para ello le acompañan dos Policías Locales de Coslada y Rivas, Antonio y José Antonio, que se convertirán en los vigilantes del cielo. Son dos de los 300 agentes de las Brigadas Especiales de Seguridad Ciudadana que ya han pasado por este servicio de vigilancia aérea que tiene la Comunidad de Madrid dividida en cuatro partes.
“Nos vamos”, dice Paco mientras hace girar las hélices del helicóptero. Suave pero rápido éste despega del suelo dejando tras de sí la pista del aeródromo. En unos segundos ya hemos alcanzado altura suficiente para ver la A-5 como si de un scalextric se tratara. “Aquí también hay atascos, aunque no son para nada como los de abajo, pues dependemos de los permisos para circular por el aire, sobre todo en la zona Este, por la afluencia de aviones del aeropuerto de Barajas”, dice Paco. Villaviciosa de Odón, Móstoles, Leganés se abren paso a nuestros pies en pocos minutos. A una velocidad máxima de 250 kilómetros por hora ponemos rumbo al Sureste.
Mapa en mano, Antonio, el policía de Coslada, indica a Paco cuál es cada una de las localidades. Es curioso observar como la replica se hace realidad bajo nuestros pies. “¿Ese qué pueblo es? Venga, ¿bajamos y miramos el cartel?”, comentan mientras José Antonio desde atrás no pierde un detalle de lo que ocurre en la localidad. En un par de vueltas, Aranjuez, Chinchón o Meco ya están patrulladas.
12.20 horas. Pedimos paso para sobrevolar Alcalá y nos ponemos en contacto con el cuartel de la Policía Local por si requieren de su ayuda. Los multicines de Cuadernillos nos dan la bienvenida cien metros por debajo de nuestros asientos. Hay atasco en la calle Ávila y en el patio del colegio público Juan de Austria los escolares hacen gimnasia. Lo que a pie serían 15 minutos, bajo las hélices se transforman en segundos y en un parpadeo estamos en la Plaza de San Diego, sobrevolando la Universidad Cisneriana, donde las cigüeñas planean sobre los tejados y una cuadrilla de obreros remata las obras del Patio Trilingüe. En la calle Mayor, un grupo de mayores abandona el Museo Casa Natal rumbo a la catedral Magistral fotografiada por un grupo de turistas.
Desde arriba todo se ve mucho mejor de lo que nadie pueda imaginar. Los niños jugando al fútbol en el patio de un colegio, las mujeres charlando en la calle, hasta Luismi, el vendedor de cupones que se coloca junto al Ayuntamiento se distingue perfectamente. La ciudad funciona sola ajena a la labor de estos policías qué velan por su seguridad. “Los delincuentes que piensen que desde aquí arriba no se les ve, están muy confundidos”, apunta el piloto quien señala que gracias a su colaboración ya han conseguido detener a varios malhechores.
Establecimientos comerciales, colegios, zonas de ocio, zonas residenciales acapara la atención de los agentes. “Vamos a echar un vistazo a los polígonos”, comenta Antonio mientras sobrevolamos la ribera del río Henares con el campo de la R.S.D. Alcalá vacío. “¿Y ese socavón?”, pregunta señalando al nuevo vaso de residuos sólidos del vertedero. Tras sobrevolar El Val, ponemos rumbo a la zona de La Garena que, con sus chalés y pareados parecen una cuadrícula ordenada que contrasta con el caos urbanístico del Centro. Todo rematado por Torre Garena, que pierde su grandeza desde las alturas y cuyo techo aún necesita muchos metros para toparse con la base del helicóptero.
“Alcalá está en orden”, apunta Paco mientras informa de que abandona el cielo de la ciudad para volver con el espacio aéreo despejado a Cuatro Vientos. Bajo nosotros, la eternamente colapsada A-2 vive una de sus horas punta.
El Digital de Madrid


